22 de octubre de 2011

Manzanas prohibidas en el paraíso.

¿Conocéis esos anuncios que dicen: 'Hola, me llamo Fulano y tener coche, seguro de vida, champú, juguetes del Toys R' US ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida'? Si, lo más probable es que os haya coincidido ver alguna vez una de estas maravillas. De todos modos, si yo tuviera que presentarme de esta forma, sería algo como: 'Hola, me llamo Alba y tener un ordenador Apple es lo mejor que me ha pasado en la vida... Hasta hace unos meses.'
  
Apple. Amada compañía de ordenadores. Me compré un Macbook Pro en Diciembre de hace ya dos años y hasta relativamente unos cuantos meses atrás todo iba como la seda. No dejaré llevarme demasiado por mi admiración hacia el sistema operativo de la compañía, pero sí que diré, y las personas que han podido catar la pequeña manzana plateada lo saben, es que, una vez has probado Apple no quieres saber nada más de 'ventanas'. De todos modos, la vida no es de color de rosa, no todo el monte es orgasmo, que no orégano; bla, bla, bla. Y, sin más dilación, allá por Mayo, llegó un momento en que el Macbook comenzó a fallar regularmente: El ventilador hacía ruido y se calentaba demasiado, el sistema, en general, iba bastante lento... Así que viendo que el certificado de defunción llegaba antes de lo previsto y no por causas naturales, decidí, al terminar la época de exámenes, llevarlo al servicio técnico del lugar donde lo compré inicialmente: El Corte Inglés.
  
Y justo en ese instante, y sin saberlo, comenzó mi propia Odisea, que ríete tú de Ulises y sus luchas contras las sirenas, teniendo yo que pelear con un técnico operador de Apple.
  
En el momento que me encuentro allí dejando el portátil, el amable y distinguido encargado del Corte Inglés recoge el presunto ordenador, con las incidencias presentadas por mí y lo envuelve en una especie de celofán extraño, que misteriosamente se parecía mucho al que utilizo yo para bocadillos. Al guardar el objeto, 'sin querer', al encargado se le cae sobre el propio mostrador en su torpe envolver, lo recoge, se le vuelve a caer y ya por tercera vez, ante mi atónita mirada, se lo coloca bajo el brazo, me sonríe de forma incómoda y me suelta tranquilamente: 'Estos ordenadores son muy fuertes y duros. Por eso son tan buenos' Sí. No me cabe la menor duda. Pero yo no utilizaría un Mac para picar piedra o capar un mono. No lo haga usted con el mío. Así que antes de que me diera tiempo a protestar, el hombre desaparece y yo me despido de mi ordenador por tres semanas, a pesar de que el Corte Inglés me aseguró hasta la saciedad que procederían a reparar el objeto con agilidad y rapidez. Desde luego, si la vida fuera el cuento de la liebre y la tortuga, el Corte Inglés no sería la liebre. Probablemente tampoco la tortuga. Lo más seguro es que fuera un enorme cachalote atrapado en una charca, alejado de la carrera, boqueando desesperadamente buscando agua. 
   
Bien. Regreso un lustro después y al recogerlo, pregunto por curiosidad cuál era el problema y si estaba reparado, a lo que me contestan: 'Lo probamos un tiempo y en principio, ya no existe el problema.' En su momento no lo supe, pero la traducción exacta de esas palabras era: 'Encendimos tu Mac y lo dejamos en modo reposo tres semanas para... Eso. Que reposara.' Creyendo que quizás por arte de magia el problema estaba arreglado, ingenua de mí, regreso a casa con él y verifico a lo largo del verano que efectivamente no lo está. 
 
Pero, ¡qué le vamos a hacer! La vida es difícil. Y con positivismo, en Septiembre me acerqué a la Apple Store de Vigo queriendo una segunda, o en este caso primera, opinión sobre lo que le ocurría a mi portátil. Estes me atienden correctamente, me lo recogen y añaden al final que debo volver con la garantía del Corte Inglés para que la reparación me salga gratuita. En principio, es algo sensato. Así que en un par de días, vuelvo con el susodicho papel. Y este es el momento donde Apple comienza a no agradarme tanto, o, en otras palabras, a tocarme bastante las narices. El asunto es que observan la garantía y me dicen: 'OH, vaya, no tienes la garantía oficial del Corte Inglés, y tampoco tienes indicado el número de serie. Por favor. Vuelve con ella.' Aquello no tenía demasiado sentido. El número de serie lo tenían registrado en mi propia factura de Apple y... De acuerdo, en el papel que yo presenté no estaba el sello oficial de la compañía, ni la del ministerio, ni ya puestos el escudo de Hogwarts, pero vamos. Era un papel, oficial o no, del Corte Inglés que avalaba mi garantía. Pero bueno, todo sea por complacer a Apple.
  
Bien, no sé si alguien en la sala conoce ampliamente la ciudad de Vigo. Pero sólo diré que el Corte Inglés y la Apple Store quedan a desmano la una de la otra. Además, constar que Vigo es la San Francisco gallega. Por tanto, no iba a ser tarea fácil desplazarme a pie entre ambas localizaciones simultáneamente. Así que, con paciencia y esfuerzo, me dirigí hasta allí, pedí mi garantía oficial, sintiéndome casi como si rogara un certificado firmado por el mismo rey, y la encargada me indica que ellos no pueden proporcionarme el número de serie porque tal información no se guarda en el registro. Insisto un poco más, pero como me especifican que no se puede, pues claro, tonta de mí, pienso: Pues no se podrá. En total, la operación de bajada y subida se prolonga hasta tres veces. Y en la última, y gracias a dios, maravillosamente un empleado del Corte Inglés al ver mi grado de desesperación, escucha mi problema y me dice: 'Apple es algo extraña. El número de serie está indicado en el recibo de reparación que te otorgó la propia compañía, pero ellos quieren el papel oficial.' O sea. Querían algo que ellos ya tenían y simplemente estaban evaluando mi grado de aguante mientras se descojonan de mí. Estupendo
  
Solventado el problema, mi portátil desaparece dos semanas, a pesar de que Apple presume de poder reparar cualquier cosa en un suspiro. Me lo devuelven y descubro, tras mi asombro, que no. De nuevo no está reparado. De hecho, tiene más problemas que al principio. Es algo que... No es entendible. Si a mí me dejan un portátil mil años, efectivamente al devolverlo al propietario, va a estar igual. Tengo la misma idea de reparación de ordenadores que de hablar ruso. Buenos días y gracias. Pero, en cambio, Apple debería saber un poco más que los propios usuarios. Digo yo. A ver si voy a estar pidiendo peras a un castaño. Líbreme dios. 
  
Llegados a este punto de la historia, y para no aburriros más, que ya os darán bastante la lata en vuestra vida diaria, diré que mi Odisea continuó hasta justo este mes, peleándome con otra Apple Store, nuevos operarios, nuevos problemas en el portátil y ninguna resolución para los antiguos. Se ve que Homero debió esperar unos siglos más para cantar mis aventuras por este nuevo mundo, que no están compuestas para un soneto, pero sí en clave de humor. Y bueno. Algo es algo, ¿no?
  

3 comentarios:

Thinking in love. dijo...

Sé que es demasiado largo y la mayoría no llegaréis al final, pero... Ha sido así por dos motivos:
El primero. Que hacía millones de años que no escribía y ya tocaba.
Y el segundo. Mi cabreo acerca de este tema.

Disfrutad, si podéis ;)

Lau dijo...

Si pequeña...yo lo he leído todo!jej
Tengo que confesar que llegé al final con la esperanza de que me dedicarás una línea(como te dije el viernes mientras escribías esta Odisea)jajaja! Pero bueno al final, aún que me quedara sin dedicatoria, mereció la pena leerlo!!
La verdad es que no podia dejar de leer...jaj!! Aún que no te lo creas mucho que después no hay quien te aguante!!
Y concluyo mi comentario diciendo una sabia y culta frase... NAHH APLLE NAHHHH!! =)
Te quiero!

Miguel Pino García dijo...

hola! soy tu hermano ilegítimo. Me ha parecido muy simpático cmo cuentas tu Odisea, y lamentablemnete confieso q mientras elogiaba a Jobs staba sufriendo una crisis d principios parecida, porq si el safari hace esto, si las ayudas del keynote ya no están en castelano, weno, comenzé a des-hechizarme...
me es un lío moverme por blogger, pero me alegra q t gustara mi blog. tu por correo crees q podrías echarme una mano? es q d verdad q me pierdo, hay un montón d cosas q a veces encuentro y a veces no jajaja
weno, eso. t acompaño en la iDesilusión. un abrazo fraternal!